Esta entrada iba a llamarse "Cuento de Halloween con retraso - Aventuras de la Abejita Novata II", pero al final he optado por hablar en primera persona, dado que nuestra simpática abejita Novata tiene los días contados y, además, no quiero que su última (y segunda) aventura sea un cuento de terror.
El caso es que he estado pensando que no, ni hablar. No todo va a ser llorar y pasearme de aquí para allá con los ojos hinchados como dos naranjas, lamentando mi maldita suerte y las injusticias de este mundo cruel. No todo va a ser dramatizar y ver la paja en el ojo propio en lugar de la viga en el ajeno, ni machacar a los que me rodean todo el día erre que erre con la misma cantinela. De modo que voy a hacer un ejercicio de reflexión profunda, consistente en respirar diez veces y hartarme de chocolate negro Lindt relleno de crema de naranja (se aceptan donativos de tabletas en mi domicilio habitual, aunque aún no lo venden en Dealextreme).
Al fin y al cabo, dicen que de las grandes crisis surgen las grandes oportunidades, y a pesar de que yo aún no he visto la gran oportunidad que está viviendo el mundo en esta era de arenas movedizas, voy a optar por hacer lo que hace todo el mundo: pensar que lo mío es diferente. Por tanto, pensaré que mi crisis sí que es una oportunidad. No es un naufragio, sino una buena forma de aprender a nadar, aunque sea a tortas (ostras, ¿no me estaré pasando de optimista? Creo que me han sentado mal los barbitúricos con whisky que me he tomado antes de escribir esta entrada. Vaticino que el texto acabará evolucionando hacia lo cursi).